La Vida de Buda
...flexibilidad, armonías, sincronías, ecos, brisas, sombras, palabras, cafés...
Escoge transformar el temor en aceptación y amor. Cuando notemos que estamos sientiendo temor, podemos rastrear las raíces de ese temor, para que podamos identificar su razón de ser y poder manejarlo más conscientemente. Podemos abrirnos a la guía de amigos, profesores y fuentes espirituales para que nos ayuden a cambiar ese temor en una aceptación y comprensión. También podemos transformar nuestros temores dando una bienvenida al amor de Dios siempre presente, y al amor que siempre yace muy profundamente dentro de nuestros propios corazones, y en el de los que nos rodean. Al hacer esto, comenzamos a reconocer el temor como una invitación de crecimiento.
¿Qué podemos hacer de todo esto?. Finalmente, es el temor colectivo, el secretismo, la polarización y la pérdida de propósito en todos nosotros lo que ha permitido que ciertos líderes tomen el poder para trastornar la democracia, y quitarnos nuestra libertad. Si nos comprometemos a trabajar en estos asuntos, tanto dentro de nosotros mismos como hacia fuera, en el mundo, "inspirando a otros a que hagan lo mismo", podremos cambiar nuestra dirección colectiva y construiremos una base sólida de un nuevo paradigma. Varias acciones podrán ayudarnos a tomar firmes pasos hacia esa dirección.
El secreto o reserva controla y evita que se revelen agendas ocultas, alimentando la desconfianza, la sospecha y la paranoia en el mundo. En el nombre de la "seguridad nacional", se nos dice cada vez más frecuentemente que no deberíamos saber lo que está sucediendo detrás de las puertas cerradas del gobierno. Sin embargo, se nos alienta a que nos mantengamos atentos y vigilantes con nuestros vecinos, para ver quiénes cuestionan al gobierno, y a aquellos que se ven y actúan distinto a nosotros, como si fueran terroristas encubiertos en una piel de oveja. La excesiva sospecha y secretismo está causando que perdamos contacto con la humanidad común con quien compartimos nuestras vidas. La polarización nos lleva hacia un modo de pensar de "nosotros versus ellos". Divide y conquista, es una táctica que ha sido usada por la élite de poder del mundo con mucho éxito por siglos. Mientras la gente se dedique a culpar y atacar "al enemigo", no podrán enfocarse en las causas más profundas de sus problemas. Los sectores controladores de la élite de poder procuran mantener la atención pública y la prensa enfocada en asuntos que nos dividen en dos sectores polarizados, para que sus grandes esfuerzos para obtener el poder y el control pasen desapercibidos. Los agentes del poder controlan entonces los dos lados del dividido público, asegurándose que los dueños de la prensa y los medios y los candidatos claves de todos los partidos políticos apoyen sus agendas de mayor poder y polarización, que con frecuencia involucran ganancias a través de la guerra.
Pareciera que existen ciertos sectores dentro de la élite de poder mundial que desea ejercer todo el control posible en el mundo. La principal forma de cómo establecen este control es incitando el temor, el secretismo, la polarización, y distrayendo a la gente y apartándola de su propósito de vida más profundo. Cuando estos sectores van logrando más poder y control, nuestras libertades se van evaporando cada vez más, y a veces hasta sin darnos cuenta.
Durante muchas vidas hemos ignorado nuestro potencial para despertar y hemos seguido en cambio las demandas de nuestro ego. Hay un momento, sin embargo, en que llega a ser claro que nuestros anhelos egoístas nos han conducido sólo al aburrimiento, la ansiedad y la frustración. Entonces, podemos empezar a mirar por satisfacciones más perdurables, y esa búsqueda puede conducirnos al Dharma, las enseñanzas de Buda.
Amado hijo: te tengo una noticia muy importante: hoy, a las 2.48 de la mañana, comenzó el otoño. El sol se trasladó del hemisferio sur al norte, cruzando la línea del Ecuador. Ha llegado la estación más hermosa a esta bella ciudad envenenada. Los liquidámbares y los gingos estallarán con su euforia de árboles extranjeros trasplantados aquí. Ojalá abril no sea el mes más cruel, como dijo un poeta de otro hemisferio, sino el más sabio, el que nos enseñe una y otra vez que las hojas tienen que caer para hacerse humus, y que en todo ocaso o final late una remota esperanza. Pisaré todas las hojas posibles por ti, y contigo meteré mis zapatos en todos los charcos de agua, como el niño que nunca debí dejar de ser, me detendré a recibir en la cara todas las brisas de la estación. Nos lo dijo Bob Dylan, quizás el último bardo del norte, en su visita: 'La respuesta está soplando en el viento'. Valió la pena ir a su concierto, a pesar de la pena, sólo para escucharlo decir otra vez: 'The answer, my friend, is blowing in the wind'.

Mi madre me dice que no deje que él me afecté más, que han sido muchos años de no protestar y luchar por lo que nos corresponde, el respeto y la dignidad. Y ahora estamos protestando, hablando, tratando de conseguir cosas a través del diálogo. Pero cuando no es por la razón será por la fuerza. En tanto mi fuerza se fortalece. Desde siempre mi padre se ha empecinado con todo machismo, razonamiento, lógica y frialdad en hacer su voluntad y anteponer sus pensamientos. Cosa que a mí me enfada demasiado y mi interior protesta, grita desesperada libertad e independencia económica. Supongo que así se ha debido sentir mi madre ante su vida marital, ante su elección de vida, ante su día a día. Gracias a dios mi madre me ama y me guía con mucha tenacidad y cariño, también sabiduría y actualmente con espiritualidad (cosa que me gusta). Sinceramente no sé qué sería de mí sin ella. Por ella siento un amor inmensurable y un agradecimiento infinito. A ella le perdono todo y sé que ella me lo perdona a mí, porque entre ella y yo habita la comprensión y el amor. Desde que vivo sola la extraño demasiado, ahora vengo a valorarla y me da nostalgia recordar las mañanas musicales con su sintonía radial, su canto que esperanzaba un día mejor y coraje para ser mejor cada día. Me despertaban sus canciones con entrañable humanidad, otras veces cargadas de romanticismo, porque mi madre entera palpita y vibra con el amor, al igual que yo. Mi madre, una mujer romántica, sensible y sencilla, con un fuerte sentido de justicia y fuerte arraigo familiar deseoso de amor que siempre quiso recibir de su madre. Admiro mucho su forma de ser, en muchas cosas desearía ser como ella, sacar toda la fuerza interna y gritar, tener su fortaleza, perder el impulso y expresar todo lo que siento, expresar cuánto me duele o cuánto lo detesto. Me incomoda la obviedad de las cosas, odio que mi padre me diga que la vida consta de números, que todo es números y que es lógico, esto y lo otro. Me acecha una tremenda tristeza cuando me dice que el amor no existe para él y que el trabajo y el dinero están por sobre todas las cosas, que hay que hacer el bien y actuar de buena fe. La ley de causa y efecto es muy sabia y la gente sigue viviendo en el error, vuelven y vuelven a caer en el mismo hoyo y no meditan. Viven en la ignorancia. Estamos de acuerdo, todos vivimos la vida como mejor nos parezca, pero que triste es vivir la vida sin amor, es triste cuando me doy cuenta que a mi padre no lo mueve el amor sino el dinero. Ese maldito dinero que me ha dado la educación y me ha brindado noche a noche un techo seguro y comida suficiente junto a ropa. Soy agradecida y conciente de que he tenido más que otros, al menos frente a mis primos me pasó así, pero yo jamás nací deseándolo así. Si me hubieran dado a elegir habría elegido la austeridad y un fogón familiar cargado de amor, un padre atento y cariñoso, no uno distante que todo lo arreglaba con un regalo. Tonta una también que caía en ese juego barato, que lo aceptaba y no lo educaba a un camino diferente, pues claro, como dice mi madre: “él fue criado así”. Pero si es tan inteligente, entonces ¿por qué no trabajó su inteligencia emocional?. Para mí una planta no vive sin agua. Para mí un matrimonio nunca es tal si no se tiene la intención ni la voluntad de regarlo. Pero el ser humano tiene que errar para darse cuenta, el ser humano tiene que sufrir y padecer dolor para valorar y agradecer, también para desear y escoger con fuerzas lo que anhela y le hace feliz. En cada fracaso debiéramos quemar etapas, cerrar ciclos y evolucionar a algo mejor para uno mismo y su alrededor. Yo deseo sanar este dolor que me genera mi vínculo paternal. Yo deseo que mi madre sea libre, que ame y la amen como se merece. Que mi padre se humanice, pero si eso no está en su misión de esta vida, me abriré a la tolerancia y al cariño universal porque esta es la vida que me tocó vivir.



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"Nada tiene que ver el dolor con el dolor/ nada tiene que ver la desesperación/ con la desesperación/las palabras que usamos están viciadas/no hay nombres en la zona muda". Un hombre y una mujer avanzan por un camino vacío, un lugar en la montaña donde abandonan a los perros. Avanzan en silencio, y él se repite a sí mismo esos versos, siempre los citaba en sus clases, en sus artículos. Ahora los versos de Lihn laten en su sangre, en su sien, no son sólo palabras. Quiere abrazar a la mujer, que es su mujer, y quitarle ese dolor que la traspasa, sanarla con lo mejor que tiene. Pero sólo tiene palabras, y él ya sabe que no sirven. Ve a decenas de perritos abandonados que salen al camino a buscar comida o agua. Y piensa: "¿por qué los hombres abandonan a los perros aquí?" Dos amigos del alma los llevan, como quien transporta a unos heridos a una posta de urgencia. Han buscado todo tipo de socorro, han acogido todos los abrazos, todas las cartas, las flores, los consuelos de tanta gente, tal vez por eso todavía están vivos. Pero nada puede quitar ese dolor que no tiene que ver con la palabra dolor. ¿No hay nada en este planeta que quite esta pena que los ha sacado del mundo, que los ha lanzado como hojas batidas por el viento fuera del tiempo y del espacio? Sólo el amor los había llevado tan lejos, ahora el dolor los hace flotar en esta irrealidad, como si fueran extraterrestres caminando por un planeta desconocido. Pero avanzan, no puede ser cierto que puedan caminar todavía, son llevados lejos de la ciudad a un lugar donde los esperan. Un monasterio de monjas de clausura. ¿Tú a un monasterio de monjas de clausura, a esta hora de la mañana, mientras abajo, en la ciudad, la vida de todos los días continúa? Los perros abandonados te miran desde la orilla del camino polvoriento. Su mirada está tan vacía e inexpresiva como la tuya. Cierras los ojos. Tu hijo está al fondo de la piscina. Tomas la mano de tu mujer para no caer al abismo que se abre a tu costado. Entonces, alguien abre un portón: es una monja pequeña, sonríe, "parece un duende" -piensas. Los hace pasar a una sala. Afuera casi no hay brisa, el calor del verano parece volver todo tierra baldía. La sala es fresca, detrás de las rejas 14 monjas de clausura te esperan. Se acerca a ustedes, los recién llegados, la que parece ser la madre superiora. Lleva anteojos negros, te dice algo muy preciso al oído, te abraza. Entonces lloras. Sientes que puedes por fin llorar, impúdicamente, ante esas catorce mujeres, y que has cruzado un umbral, fuera del mundo, donde todo es nada. Parece que ya hubieras vivido esto antes. El agua de vertiente con yerbas que te sirven y que calma tu sed. Las canciones que te cantan, las palabras dulces, esenciales, necesarias que te dicen, cada una de ellas, hadas de una iglesia que tú sentías vacía, fría, de discursos, de piedra.Y el tiempo que parece detenerse, por fin. Tú y tu mujer, que vienen del infierno, parecen sentados ahí en la frontera del Paraíso y esas mujeres que te cantan y abrazan, que no predican, podrían ser las guardias fronterizas de algo en lo que creíste hasta que se acabó la infancia. Estás impaciente -tú que hace una hora ya no esperabas nada-, quieres que te abran la puerta, quieres entrar al jardín, donde encontrarás a tu hijo jugando entre el toronjil, la melisa y la menta. "Las almas de los niños muertos vienen a jugar a los monasterios"-te dicen. Tú quieres jugar con esas almas, miras a tu mujer y sientes que comienzan a flotar, como en la escena de Solaris de Tarkovsky, esa película con la que sellaron su amor hace años. El monasterio entero es una nave espacial que los llevará de regreso a casa; miras por una ventana y ves a los perros aullando, con toda la desolación del mundo, aullando a la nave de las monjas astronautas.
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Si tuviera que describir nuestra relación, amor, podría simbolizarla con esta foto.


